Nunca pensé que tuviera que bailar este vals sin ti. Ahora está ese otro, maldito monstruo deforme e indescriptible que me arrebató de tus brazos para seguir la pieza. Entró despacito para que no se notara su llegada y era tan grande que necesitó varios días para hacerlo. Además tenía que acomodarse porque aquel lugar no estaba adecuado para él; nunca había sido bien recibido dado que se le tenía miedo.
Todo empezó con una llamada, el muy vivaz utilizó unos hilos de voz para ir metiéndose a donde no había sido invitado. No se puede negar que es muy recursivo: echa mano de cuanta imagen, sonido, palabra, calle, película, canción y ex—esperanza encuentra por ahí. Tiene una aliada muy especial a la que le dicen memoria y que también resulta muy malvada cuando quiere. Entre los dos han destrozado bastante pero cada vez se les permite más.
Ya no quiero más este baile, mi amor. Este monstruo que te cuento me atormenta, es posesivo y no me da un respiro. Es una pareja cruel para un vals como este. Me encantaría que alguien o algo lo pararan y así poder ir a tu lado como antes, aunque no haya música… prefiero mil veces tu silencio.
María Fernanda Mejía
jueves, 11 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

La mayoría de las veces encontramos razones suficientes para mover los pies, cada acción que llega a nuestro camino nos prueba, para intentar hacernos creer que no es la hora para la esperanza. Yo no soy quién para invitarte de nuevo a buscar música que te dé serenata en la más bella madrugada y que de pasó vuelva nuevamente alegre el baile, pero de algo sí estoy seguro y es que mientras los mares no pierdan su color azul habrá algo más. Piensalo, tal vez el mosntruo lastima fuerte porque también nos tiene miedo. W. Ricardo Vargas H.
ResponderEliminar