Lo que permite este texto optimista es entender que el maestro debe dejar su papel represivo de domador, sin importar la materia de la que hablemos, y darle lugar al pensamiento divergente y al cambio de la sociedad, a través de la promoción.
Aquí dos pequeños textos acerca de la imaginación, las capacidades de los niños y una manera de abordar los números en la escuela:
El conejo fraccionario

Danna espera el comienzo de la clase en silencio. El profesor se ha retardado –lo cual es muy extraño porque lleva ciento cuarenta y cinco días llegando muy puntual a torturarlos a todos con sus números que nadie entiende– y todos juegan a tirarse papelitos. De pronto pasa por la ventana un conejo que le pica el ojo y se quita su sombrero, saca un pastel de chocolate redondo, lo divide en seis partes iguales, le deja una en el marco de la ventana y se va.
-Buenos días- dice de repente don Profesor Numérico Torturador– lamento la tardanza, pero no perdamos más tiempo. Ayer quedamos en lo que era 1/6. Danna, ¿entendiste lo que era?
Danna recapacita un segundo, nunca le ha entendido nada a este señor y cuando está a punto de contestarle que ella nació con una incapacidad absoluta para las matemáticas recuerda al conejo, voltea a mirar hacia la ventana y sonríe. Allí está el pedazo de pastel que la hace tan feliz justo en este momento.
Archie Smith, un niño maravilloso
Un día cualquiera se presentó un problema en Luciernópolis. Las luciérnagas, valga la aclaración, tienen
todo un reino subterráneo al sudoeste del mayor hormiguero neoyorquino. El problema, como venía diciendo, se produjo porque los más pequeños luciernaguitas inventaron un juego con electricidad que desató un incendio de marca mayor y destruyó las dos terceras partes del reino. Todos odiaron a los luciernaguitas culpables y desconfiaron profundamente de su solución: acudir a un humano.- Éste es un humano especial – dijo René, el luciernaguita más culpable
- ¿Y, qué tiene de especial? – replicó Odín, el Rey Luciérnaga
- Bueno, pues, es muy ingenioso, ehhh… está jugando todo el tiempo y… puede entendernos, ¡se comunica con nosotros!
El luciernaguita llevó al incrédulo Rey Odín hasta la ventana del cuarto de Archie Smith. En efecto, él se despertó al oír sus vocecitas, los escuchó y, al final, les dio una solución estupenda.
Desde aquella noche cada que un luciérnaga quiere resolver un problema o conversar con un niño maravilloso acude a la ventana, siempre abierta, de Archie Smith.
María Fernanda Mejía

Quiero ser un Archie Smith.... , vaya si nosotros y los niños nos damos la psoibilidad de crear nos damos la posibilidad de ser...
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